2025: el año en que la innovación dejó de ser opcional

En 2025 la palabra Permacrisis parece haberse corporeizado y no ha dejado de golpear en la mesa día tras día. Ahora la innovación ya no es una opción, sino una necesidad estratégica. ¡Feliz 2026!

January 1, 2026

En este año en el que la palabra Permacrisis parece haberse corporeizado y no ha dejado de golpear en la mesa día tras día; en este año en el que Rosalía se ha atrevido a romper el algoritmo de la industria musical, mientras Radiohead y Oasis han vuelto allegar al éxtasis en los escenarios; este 2025 hemos cambiado de divinidades, hemos visto arder el infinito al mismo tiempo que sabemos que podemos entrar a robar al Louvre y salir por una ventana tranquilamente; Este años también hemos visto como siete planetas se pueden alinearse más fácilmente que algunas personas a pesar de ser un año matemáticamente perfecto (45x45).

Pero si algo ha dejado claro2025 es que la innovación ya no es un territorio experimental reservado a laboratorios, startups o departamentos “especiales”. Se ha convertido en una condición estructural para competir, gobernar, crear y, en muchos casos, simplemente sobrevivir. No ha sido un año de grandes fuegos artificiales tecnológicos, sino de cambios profundos, silenciosos y, sobre todo, irreversibles. La innovación se ha convertido en algo soberano, nunca más opcional.

Sin duda se nos ha llenado la boca de inteligencia artificial, que ha dejado de ser un proyecto piloto para convertirse en infraestructura. Ya no se discute si usar IA, sino qué parte del trabajo sigue teniendo sentido que sea humana. Se ha intentado integrar modelos en procesos reales —ventas, operaciones, innovación, recursos humanos—, con más pasión que acierto (por falta de estrategia y al encontrarse con los datos y las personas). En paralelo, por fin, conceptos como “transformación digital” han desaparecido del discurso, cosa que nos alegra infinito, no porque se hayan completado, sino porque han dejado de tener sentido como categoría diferenciada. Todo ya es digital… nos guste o no.

Estos cambios han tenido un impacto directo en la organización del trabajo. Los gestores de equipos, tradicionalmente centrados en coordinar, reportar y controlar, han entrado en una crisis silenciosa. Muchas de esas funciones ya pueden ser automatizadas. En2025 ha quedado claro que el liderazgo que no aporta visión estratégica, pensamiento sistémico y capacidad de decisión está en riesgo de desaparecer. Innovar ya no consiste en generar ideas, sino en priorizar, enfocar y ejecutar con sentido, generando un valor y un impacto claro. Ya no vale el postureo o intentar aparentar.

2025 también ha sido el año en que la regulación dejó de ser una amenaza abstracta para convertirse en un marco concreto. Especialmente en Europa, innovar ha pasado a significar hacerlo con límites explícitos, integrando ética, cumplimiento y responsabilidad desde el diseño. A muchos esto no les gusta, pero sin un marco, nos situamos muy cerca del precipicio. Al mismo tiempo, tecnologías como la robótica humanoide ola biotecnología han abandonado el espectáculo, y se agradece, para empezar amostrar casos reales, cambiando la conversación desde el “qué viene” al “qué implica”.

Paradójicamente, muchos discursos políticos han adoptado lógicas propias del mundo startup —rapidez, experimentación, narrativa simple— no siempre acompañadas de reflexión profunda, y esto hace mucho daño y aumenta el riesgo de manera considerable. 2025 ha demostrado que innovar rápido no es sinónimo de innovar bien. Innovar bien es reducir al máximo los riesgos para generar un nuevo conocimiento necesario y valioso para todos.

Este año, hemos desenterrado una pregunta incómoda pero inevitable: ¿Qué significa crear cuando las máquinas también crean? Lejos de resolverse, esta tensión ha provocado una revalorización de lo humano, lo imperfecto y lo lento. El valor ya no está solo en el resultado, sino en la mirada, la intención y el criterio detrás de cada decisión. Y eso no es otra cosa que “estrategia”, dejar de hacer las cosas sinsentido y disfrutar de volver a darle el valor adecuado a las cosas. Los procesos de innovación siguen comenzando y terminando en las personas por muchas máquinas que pongamos en el medio.

Quizá 2025 no será recordado como el año de una gran innovación concreta, sino como el momento en que quedó claro que no innovar ya no es una opción. La innovación ha dejado de ser un discurso aspiracional para convertirse en una capacidad sistémica, profundamente conectada con la cultura, el humanismo, el liderazgo y la forma en que entendemos nuestro papel —como individuos, como organizaciones y como sociedad— en un mundo en permanente cambio.

¡Feliz 2026!